martes, 16 de noviembre de 2010

Escultura renacentista en España: Alonso Berruguete

Alonso Berruguete (Paredes de Nava, Palencia, 1488 - Toledo 1561) fue uno de los miembros más importantes del círculo castellano y representante del Renacimiento en España, desarrolló su obra principalmente durante el reinado de Carlos V.
Su padre, Pedro Berruguete, le inicia en el arte de la pintura, aunque luego se decantara por la escultura. Viajó a Italia para estudiar las tendencias artísticas, por eso con sus creaciones facilitó la introducción de las formas renacentistas en la pintura en España. En Italia conoce la obra de Miguel Ángel, de Donatello, de Leonardo da Vinci, entre otros. El dramatismo de las imágenes que reproduce muestra su fuerte carácter. Su producción, dominada por la espiritualidad, esta cargada de efectismo y realismo. Aunque aprende de los grandes maestros italianos, no abandona la tradición castellana. Hacia 1518 regresa a Castilla y se establece en Valladolid, donde entra a trabajar en la corte de Carlos V, quien le encarga la decoración pictórica de la Capilla Real de Granada y el Sepulcro del Cardenal Talavera.


Años más tarde trabajó en el  Retablo de la Mejorada de Olmedo y el Retablo de San Benito en Valladolid, una de sus obras maestras que le sitúan como el mejor escultor de la escuela castellana.  Dentro del retablo destaca el grupo del Sacrificio de Isaac, en madera policromada, se trata de un singular exponente de la formulación de los conceptos manieristas aplicados a la escultura con fines devocionales. La gran expresividad de las figuras, sus formas y proporciones estilizadas, y los mecanismos emocionales enfatizados por el uso de la policromía, caracterizan la producción de Alonso de Berruguete donde se combinan, de forma dramática, las más refinadas licencias de manierismo con unas actitudes patéticas, consonantes con los valores más expresivos de la tradición goticista.

Otra de sus manifestaciones más significativas es el Retablo mayor del Colegio de los Irlandeses de Salamanca. En 1535 fue llamado por el arzobispo de Toledo para realizar la Sillería del lado de la Epístola de la catedral. En este trabajo contó con la ayuda de algunos discípulos. A la muerte del cardenal dejó la ciudad. Al final de sus días se retiró a un señoría que adquirió en Ventosa de la Cuesta (Valladolid).

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